Cabalgata al Cerro de Mahoma reunió a más de 900 jinetes de Buenavista y la región

Por Redacción

Entre caminos, paisajes del campo y una tradición que se mantiene viva desde hace más de seis décadas, más de 900 jinetes -entre hombres, mujeres, jóvenes y niños- participaron en la tradicional Cabalgata al Cerro de Mahoma, ubicado en las inmediaciones de la comunidad de Estancia de Palo Dulce.

La actividad, organizada por la Parroquia de San José, Buenavista, tuvo como propósito dar gracias por el buen temporal y reunir, una vez más, a familias de distintas comunidades de la región en torno a una celebración que conjuga fe, tradición y arraigo por el campo.

De acuerdo con información publicada por la Parroquia de San José, Buenavista, a través de sus redes sociales, la cabalgata se realizó el domingo 23 de agosto, partiendo del templo parroquial para concluir en el Cerro de Mahoma, donde a las 13:00 horas se celebró la Eucaristía.

“Desde 1961 se lleva a cabo la misa de acción de gracias por el buen temporal, una tradición que año con año reúne a cientos de feligreses. Encabezando esta celebración con la cabalgata, en la que alrededor de 900 jinetes de toda la parroquia y comunidades vecinas recorren el camino a caballo y en burros para llegar a este bonito lugar”, explicaron los organizadores.

Correspondió al presbítero Adrián Muñoz Arvizu, titular de la Parroquia de San José, Buenavista, impartir la bendición a los jinetes antes de iniciar el recorrido y nuevamente a su llegada al Cerro de Mahoma. Posteriormente presidió la Eucaristía, que congregó a cientos de fieles en torno a la imagen de San Isidro Labrador.

La cabalgata reunió principalmente a jinetes provenientes de comunidades de la zona norte del territorio de Santa Rosa Jáuregui, entre ellas Buenavista, Estancia de Palo Dulce, Loma del Chino, Presa de Becerra, La Luz y La Gotera, además de muchas otras localidades de la región.

Más allá del recorrido a caballo, la jornada se convirtió nuevamente en una expresión de identidad comunitaria: familias enteras compartieron el camino y refrendaron una tradición que, generación tras generación, mantiene viva la fe y el agradecimiento por la tierra, el campo y las lluvias que hacen posible un buen temporal.